sábado, 25 de abril de 2009

LA FIESTA DE LAS YUNTAS















LA FIESTA DE LAS YUNTAS EN GUAMOTE -CHIMORAZO-ECUADOR


















POR: Doris Guilcamaigua y Edwin Chancusig






Ya es octubre, las nubes sobre el Tayta Chimborazo y las golondrinas en bandadas anuncian que la lluvia está por llegar; la Pachamama ya está descansada, ya es tiempo de labrarla. Los comuneros de Sablog Chico se hacen de las mejores yuntas en el mercado de Guamote, los toros suyos serán los encargados de enseñar a los nuevos aprendices; ya son uncidos, transcurre el barbecho, la cruza, los huachados y las siembras; las yuntas ya están adiestradas en los saberes de labranza, para esto ya finalizó noviembre. “Ya llega el día, ya sabemos cuál es nuestra mejor yunta” dice René Caiza, dirigente de la comunidad, “es la yunta de Fabián y Fabiola Caiza, esa es para la Fiesta de las yuntas en Guamote”.










Inicia el mes de diciembre; en la cabecera cantonal, los preparativos para la fiesta tienen lugar en la casa sede de la FOIJAG (Federación de Organizaciones Indígenas y Campesinas Jatun Ayllu Cabildo Guamote), que este año decidió organizar e invitar a sus comunidades y a las comunidades vecinas a esta fiesta. Carlos Vimos, Segundo Álvarez (Dirigentes de la FOIJAG) con el acompañamiento de Edwin Chancusig (técnico de Heifer), se han empeñado en darle vida a esta iniciativa que nació en la propia conciencia colectiva.






Es 21 de Diciembre; la carretera de pavimento, ondulante y cuesta abajo conduce desde Riobamba al centro de Guamote a turistas, a reporteros de radios y televisión locales, a representantes de instituciones, autoridades de gobierno, a líderes de movimientos indígenas y campesinos nacionales (Movimiento Indígena de Chimborazo, Ecuarunari, Pueblo Quisapincha). Desde lo más lejano y alto de Guamote bajando por chaquiñanes y caminos, los comuneros y comuneras de 13 comunidades, con sus mejores atuendos y con sus yuntas adornadas con cintas y cintangos de colores, bajan a concentrarse en el centro de Guamote, junto a la estación del ferrocarril, frente a la sede de la FOIJAG.






Como cada viernes, se oye llegar el tren, su sirena lo anuncia; decenas de turistas extranjeros que viajan en él, entre asombro y sonrisas fotografían los cuadros que parecen de otro mundo o parecían haber quedado en el olvido: vacas, toros y toretes, mujeres adornadas con pulseras, aretes, tupus de plata y collares de colores, vestidas con anaco, bayeta y sombrero tejidos con lana de borrego e hilando su lana; hombres con poncho, sombrero y azadón, arados de madera y sogas de cabuya sujetando sus yuntas…Sin perder de vista esta curiosidad, los visitantes de otras latitudes, arrancan en el tren a su destino.






La música enciende los ánimos y hace latir más fuerte el corazón, es la música autóctona, es la música andina que atrae a los guamoteños, que acuden presurosos y admirados !Va a dar inicio la fiesta de las yuntas! Casa adentro en la FOIJAG, inmensas ollas de mote, choclos, mellocos, habas y papas están hirviendo al calor del fuego alimentado con leña por las mamas. Los jóvenes promotores agroecólogos Bernardo Guzñay, Rodrigo Cocha y Alejandro Delgado, viendo que nada falte, poniendo a punto la chicha, recibiendo a los participantes.






Afuera, los dirigentes de FOIJAG dan la bienvenida, no sin antes una reflexión del motivo de estar juntos en la celebración:
“Es por el trabajo de nuestros padres, es por el sacrificio que a diario hacemos las comunidades para trabajar la tierra y producir la comida para nuestras familias y nuestros hermanos de las ciudades, es para recordar la lucha de nuestro mayores por la tierra y para reafirmar nuestra lucha por la soberanía alimentaria, por la vida, por nuestra Ashpamama, por nuestros saberes, por nuestras vertientes de agua, por nuestra cultura”…¡Viva las comunidades indígenas de Guamote!, ¡Viva las yuntas! Viva la fiesta!






El círculo de hombres, mujeres, niños, jóvenes, abuelos y abuelas formado en torno a las yuntas se abre para dar lugar al armado del arado y la uncida de las yuntas de vacas y toros. Participan con esmero y alegría, las comunidades de Santa Ana de Mancero, San José de Chacaza, San José de Mayorazgo, San Miguel de Encalado, Sablog Chico, Sablog San José, Cintaguzo, Achullay San Agustín, Laime Capulispungo, Pull Chico, San Martín Alto. Sesenta segundos son necesarios para uncir la primera yunta; la habilidad, la rapidez, y el saber local entran en juego para esta demostración. Los cintangos hechos de cuero, las sogas de cabuya, los sarcillos, los arados de madera, los timones, las armas, las manceras y las rejas de metal, parecen moverse cual malabarismo, para en un lapso corto de tiempo estar armados y dispuestos simbólicamente al trabajo.






Uncidas ya, una a una las yuntas y sus guiadores toman su lugar una detrás de otra, los comuneros y acompañantes se aglomeran lateralmente. La música amplificada suena como convocando. El grupo de juvenil de Sablog Chico (jóvenes de entre 14 y 20 años), forman dos coloridas columnas humanas que alegremente danzan y encabezan la caravana junto a líderes, dirigentes, maestros yachags (sabios), autoridades y representantes de las comunidades indígenas de Chimborazo y el país.






El sol empieza a resplandecer y parece querer mostrarse presente en este día. Inicia un largo pero alegre caminar, arado al hombro, pasando por avenidas, parques y edificios públicos, rumbo al cerro deidad Usubug, protector de los guamoteños. La fuerza, el sentimiento, la alegría de este evento convoca y atrae en el trayecto a transeúntes, a maestros educadores, a jóvenes y niños que están terminando la jornada escolar. Ya saliendo del pueblo se unen maestros agricultores que se encontraban en la chacra y abuelos que caminaban en los campos.






Cual día de trabajo, andando grandes distancias con el arado y las yuntas, como lo hacen los maestros agricultores, se da este recorrido simbólico. Grandes recipientes de chicha de quinua circulan entre los caminantes, saciando su justificada sed. “Salud mamas, salud taytas”. Ya se divisa desde la parte alta lo dejado atrás: el caserío de Guamote. El cerro Usubug parece recibir a los caminantes al abrirse en un pequeño valle conforme termina la curva de la carretera.

Es momento del ritual de agradecimiento a la Pachamama (madre naturaleza), el sol brilla en lo mas alto. Los promotores de la FOIJAG colocan sobre una manta en el centro del círculo humano, las bondades que este año ha dado la Ashpamama (madre tierra): granos de maíz, chochos, quinua, papas; frutas de la costa, flores, vino, fuego, velas, colonia y otros objetos rituales. Un aroma a incienso envuelve el lugar y da paso al maestro yachag: El grupo de maestros yachags (sabios) realizan el ritual:…………






Las yuntas y sus acompañantes con sus mejores atavíos son apreciados antes de iniciar la labranza; difícil juzgar, todos tienen lo suyo, todos se han esmerado para estar lo mejor presentados este día sin igual. Una a una las yuntas y sus guiadores se posicionan, y empieza el arado; cual acto sincronizado las yuntas labran la tierra: abren la ragua (surco), dan media vuelta, vuelven a abrir la ragua. ¡Uri! ¡Uri! (para abajo), ¡Uchi! (para arriba), ¡Shamui! (ven), ¡Kati, cati! (sigue atrás), ¡Shu! (espera)…La madre tierra ha sido afanada.

La mesa comunitaria, sobre bayetas de colores, sacia el hambre de todos.
Los mejores arados, el mejor arador, la yunta mejor adornada, la rapidez al uncir...han sido valorados en esta fiesta; para gratificar este esfuerzo el compartir de recursos: un toro, tres alpacas y dieciséis borregos pasan a formar parte del hato ganadero de las comunidades presentes. Todos participaron activamente en este evento, todos se sienten ganadores.






Fue una exclamación en el lenguaje colectivo, de soberanía territorial, de soberanía alimentaria; fue una retribución a las deidades, una expresión de respeto; fue un encuentro y alegoría de los saberes y tecnologías que aun siendo ancestrales, se encuentran más vigentes que nunca… al decir de los participantes.






¿Y los participantes de Sablog Chico? La comunidad se hace merecedora del mayor reconocimiento: una chulla de arada (el toro). Fabiola Caiza y Fabián Caiza comentan que jamás habrían imaginado ser reconocidos como los mejores:






“Nosotros venimos a participar y a demostrar los trabajos que estamos haciendo en mi comunidad, nunca pensé ganar, pero me siento contenta, es un orgullo saber trabajar y que ahora me digan que la mejor yunta ha sido la mía. Tengo que reconocer que estos toritos fueron del compartir de recursos de Heifer, ellos me han ayudado, me siento agradecida”
La danza juvenil se hace acreedora de un borrego; tal fue la alegría que deciden contratar el equipo móvil de música y llevarlo a su comunidad, la fiesta continúa, esta vez en Sablog Chico…